Era una mañana gris de mayo, era un amor intenso de los que no se olvidan, y ahí estábamos los dos, el hombre que me daba placer y alegría, con quien podía ser quien soy -y yo- los dos sentados como queriendo decir tantas cosas que el silencio era suficiente. Era un ambiente tierno con todas las cosas en su punto; un café, poca luz y una ventana que nos permitía ver el perfecto diseño de la naturaleza.
No teníamos que hablar, ambos sabíamos que lo que nuestras mentes se empeñaban en no razonar, ya nuestros corazones lo presentían. Era la despedida, era decir adiós al hombre que me daba placer… al hombre que me enseñó a vivir… Al hombre que me amaba. ¡Adiós, adiós mi amor!… "recuerda que te amé" fue todo lo que pensé, más no puede pronunciar palabra alguna; él no dijo nada que pudiera escucharse, pero en sus ojos -donde el ser humano no puede mentir- había desolación y dolor.
Mis ojos estaban bañados en lágrimas y en mis pensamientos recordaba todo lo vivido. Me envolví en los recuerdos y disfruté cada beso que nos dimos, cada te quiero pronunciado, pensé en los besos en la rodilla y detrás de la rodilla… Pensé en nuestros planes, en todo lo que nos faltaba por vivir, pero ya el uno sin el otro.
Recordé el día que le conocí, yo estaba sentada tomando un café y él estaba ahí, fue un momento mágico, aunque pareciera fortuito fue planeado por nuestras almas; recordé los besos en la calle y las noches apasionadas, recordé las tardes de café, recordé el buen sexo; recordé lo que éramos... El adiós era difícil y triste, su mirada estaba perdida, tal vez porque quería cambiar mi decisión y no podía, me abrazó y me dio un beso, sabiendo que era el último... partimos sin querer partir, callamos sin querer callar y como otras veces él me miro a los ojos y me dijo:
–"Dime"… y sólo dije "gracias", él preguntó:
-"Por qué" y yo respondí, "por todo lo vivido",
entonces su mirada se desvió de la mía, su alma lloró, y sólo dijo "vete" queriendo decirme quédate. Sé que no será fácil, después de amarnos tanto, aprender a vivir sin ti, acostumbrarme a no tener tus besos, ya no podré esperar tus llamadas. No será fácil vivir sin mi negro, no será fácil abandonar mi buen amor…
Colaboración de Laura Uribe
República Dominicana
